abril 15, 2026
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Severance: la serie distópica que cuestiona el trabajo

Una de las series distópicas más populares de los últimos años tiene tantas lecturas como espectadores, y ahí radica precisamente su atractivo: los autores logran crear un mundo opresivo y fascinante, una contraposición atrevida e inusual en una industria televisiva donde lo novedoso es rara avis.

La han acusado hasta de marxista, a pesar de estar financiada por Apple, una de las compañías capitalistas más poderosas del planeta. Lo cierto es que Severance (Separación), ha removido conciencias desde que se lanzó el 18 de febrero de 2022, y lo hizo todavía más con su segunda temporada, puesta en streaming hace un año.

Se espera que, en este mes de abril, comience el rodaje de la tercera temporada, con fecha de estreno a finales de 2027 o inicios de 2028. Mientras eso sucede, muchos de los que han visto los 19 capítulos hasta ahora producidos, coinciden en que esta serie distópica es, cuando menos, inquietante.

El argumento central de Severance gira en torno a Mark Scout, magistralmente interpretado por Adam Scott, quien trabaja en Lumon Industries, una empresa que emplea una tecnología muy singular: inserta en el cerebro de sus empleados un chip que separa sus recuerdos laborales de su vida personal. Cuando se ingresa al edificio de Lumon, los empleados del «piso separado» —conocidos como innies—, olvidan quiénes son, al descender a sus oficinas en un elevador, y asumen su identidad corporativa. Al terminar la jornada laboral y retornar por el mismo elevador a la superficie, se vuelven sus outies: borran todo lo relacionado con el trabajo y vuelven a ser ellos mismos.

Separar el todo

Hay muchas cuestiones que resultan muy llamativas en esta serie dirigida por Ben Stiller, un actor conocido por sus películas de comedia que, ahora, detrás de las cámaras, ha construido un mundo opresivo y, al mismo tiempo, fascinante.

Y es que Severance plantea, por ejemplo, cómo los seres humanos están dispuestos a someterse al control de una gran empresa por el simple hecho de resolver el problema de la presión laboral o, sencillamente, olvidarse de quiénes son en su vida adulta. Aunque se afirma mucho que el trabajo se debe dejar atrás cuando regresamos a nuestra vida diaria, lo cierto es que el estrés y las presiones que este provoca muchas veces viajan con nosotros todo el tiempo. En Lumon Industries este «problema» queda resuelto.

Empero, tal y como aseguraba un gran amigo y colega, la solución de un problema crea otro. En este caso, la separación genera unos innies que no son más que una clase servidora funcional carente de pasado, familia o libre albedrío; son «niños» de dos años atrapados en cuerpos de adultos, cuya única brújula moral es el manual corporativo de Kier Eagan, el fundador de Lumon, deificado como un demiurgo gnóstico.

Con esta premisa, es válido preguntarse ¿hasta qué punto hemos permitido que las estructuras corporativas colonicen nuestros deseos y afectos, reduciéndonos a meros engranajes que buscan recompensas triviales como «barras de huevos» o «fiestas de wafles»?

De ahí, que el fin último sea la liberación del individuo, y en el contexto de Severance no se trata solo de escapar del edificio o dejar el trabajo, sino de reintegrar la memoria como el último bastión de la soberanía personal.

Arquitectura del desconcierto

En el plano estético, Severance es una pequeña Capilla Sixtina televisiva del siglo XXI. Su diseño de producción, a cargo de Jeremy Hindle, utiliza el minimalismo aséptico y el racionalismo de la escuela Bauhaus, para generar una atmósfera de «valle inquietante». La elección del complejo Bell Labs en Nueva Jersey como sede de Lumon no fue casual: su arquitectura brutalista, de mediados del siglo XX, proyecta una frialdad institucional que empequeñece al individuo. Los planos te oprimen, en cualquiera de sus variantes.

También es muy notable el uso de la teoría del color como parte fundamental para la narrativa conceptual. Lumon está dominado por una paleta de azules y verdes hielo, símbolos de la racionalidad fría y la eficiencia fordista.

En contraposición, hay elementos de rebelión o pasión —como el cabello de Helly R., la única mujer del grupo, a quien da vida Britt Lower, o el libro de autoayuda del cuñado de Mark, Ricken Hale (Michael Chernus)— que irrumpen con tonos rojos y naranjas como señales de anomalías en el sistema.

Técnicamente, la serie destaca por sus planos simétricos inspirados en Stanley Kubrick y su cámara objetiva que se mueve con frialdad; así, evita reaccionar a las emociones de los actores para acentuar esa atmósfera de aislamiento.

Todo ello es posible porque la serie descansa sobre los hombros de su creador y showrunner, Dan Erickson. La génesis de la historia es profundamente personal: Erickson concibió la idea mientras trabajaba en empleos de oficina mediocres que lo sumían en un estado depresivo y deseaba poder «saltarse» esas ocho horas de tedio. Esa frustración vital se tradujo en un guion que mezcla la sátira corporativa con el horror existencial de Kafka y Orwell.

Erickson logró una sinergia perfecta con Ben Stiller, quien aportó una sensibilidad oscura y detallista. Juntos, transformaron lo que originalmente podría haber sido una comedia de oficina al estilo de The Office —y así lo había concebido Stiller, según sus propias declaraciones— en un thriller sicológico denso, donde cada detalle, desde la ausencia de la tecla Escape en los teclados hasta la mitología del fundador, tiene una carga simbólica deliberada.

Severance, en esencia, es una invitación a despertar. Al igual que Mark S. (porque a los innies les quitan hasta los apellidos), en el clímax de su rebelión, el espectador es confrontado con la posibilidad de que su propia vida laboral sea una caja de papel que se vuelve cada vez más inescrutable y estrecha. Es esta una obra que nos recuerda, acaso sin quererlo, que, en la lucha por la identidad, la memoria es la única herramienta de liberación frente a un sistema corporativo que prefiere a sus empleados fragmentados, sumisos y, sobre todo, productivos.

Curiosidades y la disyuntiva entre temporadas

El universo de Severance está plagado de detalles fascinantes que alimentan las teorías de los fans:

—Simbolismos ocultos: Las computadoras de Lumon no tienen tecla de Escape, una metáfora visual de la falta de salida de los innies.

—La Carta de Lexington: Existe un libro complementario, escrito por los autores, que revela que Lumon tiene sucursales en todo el mundo, y que las acciones de los empleados (como borrar números «que dan miedo») podrían estar vinculadas con sabotajes industriales reales, como la explosión de un camión de la competencia.

—Transiciones de cámara: El efecto de parpadeo que siente el espectador cuando un personaje entra al ascensor se logra mediante un dolly zoom (efecto vértigo), coordinado con un sutil cambio en la expresión facial del actor.

—Diferencias entre las temporadas uno y dos: Mientras que la primera temporada fue aclamada unánimemente por su ritmo lento pero seguro y su enfoque en el misterio sicológico hermético de la oficina, la segunda ha generado un cisma en la audiencia. Algunos críticos y fans en foros han señalado que la serie ha cambiado el terror sicológico por la mitología fantástica, introduciendo elementos más extravagantes. Para muchos, la primera entrega era una sátira hermética e intencional, pero la segunda la sienten como una expansión de mundo más caótica, que explora las implicaciones de la tecnología de separación más allá de las paredes de Lumon, adentrándose en el terreno de la ciencia ficción más pura. ¿Qué traerá la tercera temporada entonces?

—Envidia creativa: Charlie Brooker, creador de Black Mirror, ha admitido su decisión de no ver Severance para evitar comparaciones directas con su propio trabajo. Brooker afirma sentir una clase de «envidia creativa y temor», ante la posibilidad de que la obra de Ben Stiller supere a la suya en popularidad y recepción crítica. 

Un mar de premios

Severance ha sido muy aclamada por el público y la industria de la televisión estadounidense, acumulando hasta la fecha diez premios Emmy de 41 nominaciones en sus dos temporadas. Su segunda entrega fue especialmente dominante, pues lideró las nominaciones con 27 candidaturas. 

Además de sus victorias, la serie ha recibido nominaciones en las categorías más competitivas de la industria: 

  • Mejor serie dramática: Nominada consecutivamente en los Premios Emmy(2022, 2025), Globos de Oro (2023, 2026) y Critics Choice.
  • Adam Scott:Nominado a Mejor Actor Principal en los Emmy (2022, 2025), Globos de Oro (2023, 2026) y SAG Awards (2023, 2026).
  • Dirección y guion:Ben Stiller (dirección) y Dan Erickson (guion) han recibido múltiples nominaciones al Emmy y gremios (DGA/WGA) por su trabajo en ambas temporadas.
  • Elenco de reparto: Patricia Arquette, John Turturro, Christopher Walken y Zach Cherry han sumado nominaciones individuales al Emmy por sus interpretaciones.

(Con información de Juventud Rebelde)

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