Aunque el rotavirus no es un virus nuevo, en las últimas semanas se ha incrementado su circulación en La Habana. Esta información no busca generar alarma, sino ofrecer herramientas para conocer la enfermedad, identificar sus síntomas, saber cómo actuar y prevenir complicaciones tanto en la persona enferma como en su familia. La Dirección Nacional de Posgrado del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) ha compartido datos esenciales al respecto.
El rotavirus es un microorganismo de ARN, perteneciente al grupo Reoviridae, y constituye el agente más frecuente de gastroenteritis grave en lactantes y niñas y niños pequeños a nivel mundial.
También puede afectar a adolescentes y adultos, aunque con manifestaciones generalmente más leves. Se caracteriza por su alta infectividad, resistencia en el ambiente y transmisión que ocurre, sobre todo, por la vía fecal-oral: manos contaminadas, objetos, alimentos o agua que entran en contacto con minúsculas partículas de heces infectadas.
Cuando las partículas virales son ingeridas, sobreviven a la acidez del estómago y llegan al intestino delgado. Allí invaden los enterocitos (células que protegen las vellosidades intestinales.), y al replicarse las destruyen. El resultado es una atrofia de esas vellosidades que reduce drásticamente la capacidad de absorber nutrientes y agua. Pero el daño no acaba ahí: el virus produce una enterotoxina, la proteína NSP4, que dispara la secreción de cloruro y agua hacia la luz intestinal, agravando la diarrea. Es una combinación de malabsorción y secreción activa la que provoca el cuadro clínico.
La enfermedad suele comenzar de forma brusca. El síntoma cardinal es una diarrea acuosa profusa, que puede durar de tres a ocho días. Frecuentemente se anuncia con fiebre, irritabilidad y vómitos repetidos.
La pérdida de peso y la deshidratación son consecuencias directas de esta agresión gastrointestinal. En casos severos, la pérdida de líquidos puede ser tan rápida que la persona enferma, sobre todo los lactantes, puede evolucionar hacia un shock hipovolémico, una emergencia médica que compromete la vida.
En menores de edad escolar, adolescentes y personas adultas, la infección suele ser asintomática o manifestarse como una gastroenteritis leve que se confunde con un virus cualquiera.
El sistema inmunitario ya ha desarrollado memoria que limita la replicación viral masiva. En pacientes adultos sanos, es raro que se llegue a una deshidratación severa; el cuadro se autolimita y cede en pocos días. Sin embargo, en personas inmunocomprometidas —pacientes con VIH, trasplantados o bajo quimioterapia—, el rotavirus puede comportarse con la misma agresividad que en un lactante. También en adultos mayores con enfermedades de base (insuficiencia cardíaca, enfermedad renal crónica).
Cuando existen dudas diagnósticas, brotes o complicaciones, puede confirmarse mediante la detección de antígenos virales en heces mediante ELISA o pruebas rápidas de inmunocromatografía.
El método más sensible y específico es la RT-PCR, que permite además caracterizar el genotipo circulante, una ventaja para la vigilancia epidemiológica.
Es necesario diferenciar el rotavirus de otros agentes: otros virus como norovirus, adenovirus entérico y sapovirus, así como bacterias (Salmonella, Shigella, Campylobacter, Escherichia coli enterotoxigénica) y causas no infecciosas como la intolerancia a la lactosa o la enfermedad celíaca.
El pilar del manejo es la rehidratación. Ante los primeros signos de diarrea y vómitos, debe iniciarse la Terapia de Rehidratación Oral (TRO) con soluciones de sales de rehidratación oral (SRO) de baja osmolaridad. Si no se tiene acceso inmediato al sobre de SRO, se puede preparar una solución casera que salva vidas.
Receta para realizar sales de rehidratación oral caseras según la Organización Mundial de la Salud (OMS):
- 1 litro de agua potable.
- 2 cucharadas soperas de azúcar.
- ½ cucharadita de sal.
- ½ cucharadita de bicarbonato.
- 1 taza de zumo de limón (opcional para sabor y aporte de potasio).
Mezcle bien hasta que se disuelva por completo. Esta solución se debe administrar a cucharaditas o sorbos pequeños y frecuentes, sin forzar. Debe prepararse fresca cada día y no guardarse por más de 24 horas.
Cuando la deshidratación es moderada o grave, o hay intolerancia oral persistente (la persona afectada vomita todo lo que ingiere.), se necesita atención médica urgente para rehidratación intravenosa con soluciones isotónicas.
Los antibióticos no están indicados, pues el rotavirus es una infección viral. No se deben usar antidiarreicos que inhiban la motilidad intestinal en niños y niñas, pues pueden prolongar la infección.
Los probióticos ayudan como coadyuvantes, pero jamás sustituyen la rehidratación. En personas adultas sanas, la rehidratación oral suele ser suficiente; rara vez se requieren protocolos intravenosos agresivos.
La principal y más temible complicación en lactantes y niñas y niños pequeños es la deshidratación severa que conduce al shock hipovolémico y al fallo renal agudo.
También pueden presentarse desequilibrios electrolíticos (hiponatremia, hipopotasemia), acidosis metabólica y, excepcionalmente, convulsiones relacionadas con la fiebre o las alteraciones de la osmolalidad.
Por eso, reconocer los signos de alarma es vital: boca seca, llanto sin lágrimas, ojos hundidos, fontanela (mollera) deprimida en bebés, disminución marcada de la orina, somnolencia o irritabilidad extrema, y pliegue cutáneo que persiste al pellizcar suavemente la piel.
El pronóstico es excelente en la mayoría de los casos si se actúa rápido con la hidratación. La mortalidad es baja cuando se dispone de atención médica oportuna, pero sigue siendo una amenaza donde fallan el saneamiento y la información.
La infección natural confiere inmunidad parcial, que no evita futuras reinfecciones pero sí modera su intensidad.
La circulación actual del rotavirus en La Habana invita a reforzar las medidas de prevención y los hábitos de higiene en los hogares. La educación para la salud comienza en casa y se fortalece en la comunidad.
No se trata de vivir con miedo, sino de incorporar prácticas cotidianas que protejan especialmente a las niñas y los niños pequeños, las personas mayores y quienes viven con enfermedades que comprometen su sistema inmunológico.
Diez sugerencias para proteger a la familia
- Lavado frecuente de las manos con agua y jabón especialmente después de cambiar pañales, ir al baño y antes de manipular alimentos.
- Higiene rigurosa en la preparación de alimentos; cocinar bien carnes y lavar frutas y verduras con agua segura.
- Consumir agua potable o hervida.
- Desinfectar constantemente superficies, juguetes y objetos de uso común hogares donde viven lactantes.
- Evitar la exposición de bebés a personas con síntomas gastrointestinales.
- Mantener la lactancia materna exclusiva, factor protector inmunológico de primer orden.
- Aislar a la persona enferma, no compartir utensilios ni toallas.
- Disponer correctamente de pañales desechables y excretas.
- Informar a quienes cuidan de niñas, niños o personas dependientes sobre los signos de deshidratación.
- Si está disponible, administrar la vacuna contra el rotavirus según el esquema aprobado.
Cuba dispone de un sistema de salud que prioriza la atención primaria, con consultorios y policlínicos constituyen la primera línea de atención. Sin embargo, ningún profesional de la salud puede sustituir la vigilancia amorosa de un familiar que detecta a tiempo que una niña o un niño «no está como siempre».
Compartir esta información, hacer la receta de SRO en casa y acudir sin demora al acudir sin demora al servicio de salud cuando aparezcan las alarmas, son actos de profundo amor familiar.
La información oportuna, la higiene y la atención médica temprana siguen siendo las herramientas más eficaces para enfrentar esta enfermedad y proteger la salud de toda la familia.
(Con información de Revista Mujeres)






