Dormirse rápido y no despertarse en medio de la noche es uno de los grandes desafíos del descanso moderno. Pantallas, estrés, ansiedad y rutinas desordenadas hacen que conciliar el sueño se vuelva cada vez más difícil. En ese contexto, una técnica de origen oriental conocida como respiración lunar empezó a ganar popularidad por su efecto calmante y su facilidad para aplicarla en cualquier momento.
A diferencia de otros métodos que prometen resultados inmediatos a fuerza de disciplina, la respiración lunar propone algo más sutil: activar el lado relajante del cuerpo a través de la respiración, ayudando a entrar en un estado propicio para el descanso profundo.
La respiración lunar proviene de prácticas respiratorias tradicionales vinculadas al yoga y a filosofías orientales que entienden el cuerpo como un sistema energético. En este marco, la energía lunar se asocia con lo pasivo, lo introspectivo y lo calmante, en oposición a la energía solar, ligada a la acción y la vigilia.
El objetivo de esta técnica es estimular el sistema parasimpático, responsable de la relajación, reduciendo el estrés y la activación mental que suele impedir el sueño.
Cómo hacer la respiración lunar paso a paso
- Sentate o recostate en una posición cómoda, con la espalda relajada.
- Tapá suavemente la fosa nasal derecha con el pulgar.
- Inhalá lenta y profundamente solo por la fosa nasal izquierda.
- Exhalá por la misma fosa nasal, manteniendo cerrada la derecha.
- Repetí el ciclo entre 5 y 10 minutos, sin forzar el ritmo.
La clave está en que la respiración sea lenta, profunda y consciente, permitiendo que el cuerpo se relaje de forma progresiva.
Por qué ayuda a dormir mejor
Respirar únicamente por la fosa nasal izquierda tiene un efecto directo sobre el sistema nervioso: disminuye la frecuencia cardíaca, baja la presión interna y genera una sensación de calma. Esto facilita el paso del estado de alerta al de reposo, haciendo que el sueño llegue de manera más natural.
Cuándo conviene practicarla
La respiración lunar es especialmente útil:
- Antes de dormir, como ritual nocturno
- En momentos de ansiedad o insomnio leve
- Durante viajes o cambios de rutina
- Cuando cuesta “apagar” la mente después de un día intenso
También puede practicarse durante el día si se necesita bajar el nivel de estrés, aunque su efecto es particularmente beneficioso en la noche.
(Con información de agencias)







